La energía eléctrica, la radio, el gas y la banca son de los españoles, los cigarrillos de los norteamericanos, la aviación es de brasileros y ahora la cerveza pasa a ser propiedad de los británicos. ¿Qué nos queda a los colombianos, que sea industria propia y que pueda ser manejada por colombianos?
Esta pregunta la hacen los colombianos que han seguido a pié juntilla, el desarrollo industrial de un país que no sale del subdesarrollo, ante la falta de políticas económicas claras por parte de sus Gobiernos, la inseguridad planteada por los grupos paramilitares y guerrilleros y la voracidad con la que un pequeño grupo de familias se apoderan de la economía nacional.
Bueno es hacer el recuento de la reconquista extranjera a las riquezas colombianas durante el pasado siglo y lo que va del presente:
Empresarios españoles llegaron al país y adquirieron ‘la franquicia’ para explotar la venta del gas natural, ante la pasividad del Gobierno que feria lo que nuestra tierra produce; no contentos con esto, descendientes de los mismos españoles que asaltaron a nuestros indígenas del pasado y que se precian de haber descubierto a América con expedicionarios delincuentes enviados por castigo a otros lares pero que por descuido llegaron a nuestras tierras, adquirieron en propiedad la empresa radial colombiana Caracol; hoy hacen y deshacen con el personal, disminuyen hasta más no poder la nómina, pagan a ‘precio de huevo’ el trabajo de los periodistas, obligan a los locutores a trabajar como controles para ahorrarse un salario de hambre y para colmo de males, los “echados” deben demandar para que les paguen su liquidación que no llega completa.
Los mismos españoles se hicieron a la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá y ahora las tarifas, dicen los bogotanos, “están por las nubes”.
El sector bancario también ha sido absorbido por los de la ‘madre patria’, donde hicieron “barrejobo” con el sector sindical y gran parte de los empleados fueron despedidos; hoy esas entidades trabajan con el mínimo de personal y la atención ha sido desmejorada en un alto porcentaje.
La empresa cigarrillera nacional también fue absorbida por la multinacional Philip Morris, con lo que quedó en el ‘pavimento’ un buen número de compatriotas que antes trabajaban para la Colombiana de Tabacos en Antioquia, Santander y otras regiones del país.
Avianca, empresa estandarte de Colombia en los aires mundiales cambió de dueño; ahora es de un brasilero que no tiene ningún compromiso con Colombia y que su fortuna le dio derecho a comprar la entidad que por años fue orgullo nuestro. Allí también hubo recorte de personal.
Ahora le tocó el turno a la cerveza; a partir de ya los colombianos no van a consumir su propio producto; de ahora en adelante las antiguas cervecerías colombianas se identifican con el logo de británica SABMiller, una potencia en cerveza mundial; pero, ¿que le representa al colombiano común y corriente la compra de empresas nativas por parte de los extranjeros? Algunos dirían que nada, otros dicen que mucho, pues, primero que todo, muchos de nuestros compatriotas han quedado en la física calle, esto es: Sin trabajo; además sus familias comienzan a recorrer el camino de la humillación, de los que en un tiempo no muy lejano fue y ya no lo es. Se pierde alguna libertad laboral, pues mientras unos salieron de las empresas y hoy ingresan al cordón de los desempleados y la miseria, los que quedan deben someterse a los parámetros de sus nuevos ‘amos’: Aumento en el horario laboral por el mismo salario, incluso podrían hasta pagarles por hora trabajada. Todo esto, con el visto bueno del Gobierno de Presidente Álvaro Uribe.
Se le escuchaba decir al Presidente Uribe, que la presencia de la cervecera inglesa en Colombia, demuestra el interés que tiene la industria mundial para invertir en el país y en apoyar el empleo. ¿Será eso cierto? ¿No será, más bien, que los extranjeros ven en Colombia una ventana para explotar y sacar sus divisas hacia sus países, mientras que nuestra patria se debate entre el desempleo, las balas de paramilitares y guerrilleros y los dardos lanzados por el Gobierno Uribe para oprimir más al colombiano del común?
¿Quién le diría al Presidente Uribe que con la llegada de extranjeros a manejar la industria colombiana se incrementará la mano de obra calificada y no calificada, se expandirá la riqueza para los más necesitados, se acabarán las afugias de la clase menos favorecida?
Los colombianos de clase media entienden que para nada los beneficia la traída de multinacionales que invertirán en Colombia, para luego llevarse lo producido hacia sus países de origen y que solo esa misma minoría que ha gobernando al país económico, le saca provecho a sus ventas para llevarse esos dineros al exterior, porque no lo invertirán aquí, con el sofisma del desorden público y la falta de incentivos oficiales.
El periódico El Tiempo en su editorial del pasado 20 de julio argumentaba: “Es difícil cuestionar la decisión de vender las vinculadas a actividades cuyo carácter estratégico esta asociado a la generación de riqueza. La transacción es más asunto de una racionalidad financiera, que es incuestionable en el modelo de economía de mercado en el que estamos insertados. Es, además, una demostración contraria a la posición de quienes creen que Colombia no está para nada en la agenda de la inversión extranjera por razones de inseguridad, inestabilidad en las normas o una tensa situación social, como lo anotó el prestigioso diario financiero The Wall Street Journal”.
En parte estamos de acuerdo con esa apreciación, pero no es difícil cuestionar la venta de empresas nacionales, sin importar el sacrificio de la mano de obra, pues a la larga quienes ganan en las transacciones son los dueños de las empresas vendidas y quienes pierden, como siempre ha sido, es el pobre asalariado que verá menguado su estilo de vida, ya sea porque caiga en la franja de la reestructuración a que son sometidas las empresas en manos de extranjeros, o porque se quede como empleado del extranjero que le va a explotar su fuerza laboral hasta más no poder por el mismo sueldo.
Y ojo que las Electrificadoras regionales están en la mira del Gobierno Uribe para venderlas al mejor postor extranjero; bancos como Granahorrar pasan por la misma situación.
Qué nos quedará ahora a los colombianos por vender: ¿Será acaso la Presidencia de la República? Aunque algunos dicen que hace rato está hipotecada a nombre de las grandes potencias que orientan al Presidente de turno hacia el endeudamiento y el sometimiento comercial y económico.
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